domingo, 10 de abril de 2011

Drogadiccion efectos en la sociedad

En todos los momentos históricos de todas las culturas y sociedades han tenido alguna presencia esos productos genéricamente denominados drogas. En ocasiones de forma anecdótica y, otras veces, de manera profundamente inmersa en lo cultural; en algunos momentos significándose como algo extraño, desconocido y amenazadoramente destructor y, en otros, con una imagen tan próxima y familiar que no permitía el reconocimiento de su carácter peligroso; en algunos lugares con una frecuencia e intensidad notables que han llevado a hablar de 'crisis' o 'epidemias' y, en otros, con una condición de episodio casi excepcional. Con formalizaciones distintas, con repercusiones muy diferentes, con consideraciones discrepantes, en contextos de ideologías y percepciones muy variados, siempre ha sido continua la presencia de las drogas.
En sociedades forzosamente imperfectas, siempre habrá espacio para el sufrimiento, el miedo, los conflictos, las dificultades, las angustias, por lo que no es extraño que se recurra a unos productos que, más o menos, de una u otra forma, aportan una fantasía de paraísos artificiales, permiten algunos alivios ilusorios o, más sencillamente, son vistos como ayudas o desahogos a la hora de vivir los problemas. No se puede entender el porqué de las drogas, y ni siquiera se puede calibrar el riesgo que suponen, si no se comienza por analizar su función individual y social, el sentido de lo que representan en la percepción y en la cotidianidad de individuos o grupos.


Son muy diversos los elementos que pueden incidir en estas coyunturas amenazadoras y de grave coste para todos. Desde la frecuencia y extensión de los consumos, hasta las características de las sustancias empleadas; desde el sentido y las finalidades de la utilización hasta el perfil de los colectivos de usuarios; desde la consideración natural de los consumos, hasta la percepción social de los conflictos derivados.

El resultado final puede variar entre una situación sin grandes preocupaciones (porque las consecuencias son escasas, resultan minimizadas, pasan desapercibidas o afectan en exclusiva a grupos marginales) y otra, como la que se ha vivido hace años, que despierta una imagen global de amenaza incontrolada y potencialmente destructora de individuos y sociedades.


Cada una de estas fases manifiesta características diferenciadas. La correspondiente a estos últimos años muestra, junto con expresiones formales diferentes en según qué territorios y en según qué momentos (sustancias, patrones de uso y perfiles de consumidores variables), algunas señales de identificación:


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La universalización de los problemas que, progresivamente, se han ido extendiendo a prácticamente todo el mundo.
*La globalización económica y social que cada vez hace más difícil la distinción entre niveles de conflicto derivados de la producción, del tráfico o del consumo de sustancias.


      
   

¿Qué lleva a las personas a consumir drogas?
Existen muchas causas y muchos factores. Lo primero que hay que tener en cuenta es que el fenómeno de la drogadicción no es exclusivo de un grupo o estrato social, económico o cultural determinado. El consumo de drogas afecta a toda la sociedad en su conjunto.

En general, el uso de drogas corresponde a un afán de huir de la realidad. Las drogas proporcionan una vía de escape, un alivio temporal a los problemas personales, familiares o sociales. También son una puerta de salida frente al vacío existencial presente en el interior de la persona, el cual la lleva a volcarse en búsqueda de salidas ilusorias que llenen dicho vacío
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Factores de tipo social: En la actualidad, existe una amplia disponibilidad de drogas, legales e ilegales, lo que hace mucho más fácil el acceso y el consumo de las mismas. Tranquilizantes, somníferos, hipnóticos, etc., se pueden conseguir en las farmacias sin receta médica. Asimismo el amplio tráfico y distribución de drogas ilegales hace que sea fácil obtenerlas. Algunas drogas, como el éxtasis, están "de moda", y prácticamente se puede obtener en cualquier discoteca. Niños y jóvenes que viven en las calles pueden obtener pegamentos, tales como el Terokal, para inhalar.